Historia de los Grabados

Comenzando como una técnica exclusivamente decorativa, los grabados pasaron por una gran evolución durante los siglos XV al XIX, destacándose como un arte independiente, marcado por avances técnicos, influencias y culturas.

Para contextualizar la historia de los grabados, debemos remontarnos a Asia, concretamente a China, en el momento en que se inventó el papel, alrededor del año 105.

Los primeros grabados en Europa datan del siglo XIII, realizados mayoritariamente por orfebres, plateros o dibujantes, quienes trabajaban sobre placas de metal. Sin embargo, no es hasta el siglo XV que, gracias a la llegada de las técnicas de impresión sobre papel, el grabado adquiere mayor importancia. Durante este período, se inicia la creación de grabados en Europa, aunque la fecha exacta es incierta. No obstante, el grabado en línea procedente de Alemania o Italia ayuda a clarificar estos hechos. Al ser una época de transición entre la Edad Medieval y la Edad Moderna, la fusión de diferentes elementos hizo que este tipo de arte cobrara relevancia. Las hojas de calendarios y los naipes fueron las primeras representaciones reales de grabados en Europa.

Martin Schongauer es conocido por sus obras como St. Michael and the Dragon (1475), The Temptation of St. Anthony (1470–1475) o St. John the Evangelist on the Isle of Patmos (1475–1480).

Alberto Durero, por su parte, destaca con los grabados La penitencia de Juan Crisóstomo (1497), Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (1498) y La Virgen y el Niño con el mono (1498). Este grabador vivió entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, por lo que su obra abarca ambos períodos, permitiéndonos observar la diferencia y evolución de estilos, técnicas y temas.

Martin Schongauer “St. Michael and the Dragon” (1475)

El siglo XVI fue una época de grandes cambios en todos los aspectos: sociales, ideológicos, políticos y artísticos. Debido a ello, se comenzó a grabar en cobre y madera, siendo el grabado en cobre el que adquiriría mayor popularidad gracias a las facilidades que ofrecía. El grabado en madera, por su parte, quedó relegado a un segundo plano, usándose únicamente para producciones en masa, lo que resultó en una menor calidad tanto en los detalles como en la ejecución.

Un avance muy importante durante esta época fue la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg, que facilitó la difusión cultural y artística de esta práctica. Gracias a ello, la técnica de grabado se pudo expandir por regiones europeas que no estaban tan familiarizadas con ella, permitiendo que el público general tuviera un mayor acceso a estas obras. No solo se transformó la técnica de grabado y su forma de expansión, sino que, a la par de la expansión del Renacimiento, los temas, técnicas y estilos adquirieron un enfoque diferente.

En cuanto a los temas, predominó el religioso, especialmente debido a las situaciones de la Reforma y la Contrarreforma, lo que reflejaba la gran tensión ideológica propia del tiempo renacentista. Temas morales, con indicios de alegorías y simbolismos, fueron comunes durante el siglo XVI, representando la lucha entre el bien y el mal o la corrupción humana. Otros temas que abordaron los grabadores del siglo XVI incluyeron la vida cotidiana, la mitología y los retratos.

El mayor exponente de los grabados durante el siglo XVI fue Alberto Durero, con grandes obras como El Caballero, la Muerte y el Diablo (1513), San Jerónimo en su gabinete (1514) o La Melancolía I (1514).

Lucas Cranach, el Viejo fue famoso por sus grabados en xilografía. Además de ser pintor de cámara de los gobernantes de Sajonia, se le reconoce como uno de los mayores artistas renacentistas alemanes. Sus obras destacan por la dualidad temática de religión y moralidad, temas que incluso llegaron a influir en la Reforma Protestante. Un ejemplo destacado es San José y el Dragón (1508).

“El Caballero, la Muerte y el Diablo” (1513). Alberto Durero

“San José y el Dragón” (1508). Lucas Cranach, el Viejo

“San Jerónimo en su gabinete” (1514). Alberto Durero

“La Melancolía I” (1514). Alberto Durero

Con la llegada del Barroco en el siglo XVII, la panorámica artística cambió drásticamente, caracterizándose por un dramatismo mucho mayor, además de una profundidad emocional y un detallismo sin precedentes. Se pasó a la técnica del aguafuerte y la aguattinta, las cuales revolucionaron el grabado, ya que permitían un control mucho mayor que su antecesora. Aunque el grabado en metal no desapareció por completo, ya que aún se utilizaba para grabados de alta calidad y los grandes maestros seguían empleándolo. Gracias a las mejoras en las técnicas de impresión, los avances tecnológicos permitieron que las reproducciones de grabados mejoraran sustancialmente, aumentando tanto la cantidad de las tiradas como su calidad, lo que ayudó a la expansión del arte del grabado.

Se comenzó a crear una tipología científica de los grabados. A partir de esta época, algunos grabadores comenzaron a realizar representaciones de biología, astronomía o anatomía, ilustrando descubrimientos científicos. Un ejemplo de esto es la obra de Gerard Blasius, Anatome Animalium (1681), donde se muestran por primera vez los órganos internos de diferentes animales.

El Barroco, como mencionamos anteriormente, trajo consigo una ruptura temática en comparación con el Renacimiento. Los temas fueron más dinámicos, impregnados de emoción, descontrol y ornamentación, aunque los temas religiosos seguían siendo predominantes, se representaron con una mayor profundidad o tensión. Además de la religión, las tensiones militares de la época también se reflejaron en la temática de los grabadores, quienes decidieron abordar la violencia y los temas bélicos, utilizándolos muchas veces como objetos de propaganda y comunicación. En un plano más secundario quedaban los retratos, la naturaleza o la vida cotidiana.

Rembrandt van Rijn es, sin ninguna duda, el grabador más destacado del siglo XVII, con una cantidad aproximada de 300 grabados, en los que aborda una amplia gama de temas, como lo religioso, los retratos y los autorretratos. Entre sus obras más conocidas se encuentran Saint Jerome in a Dark Chamber (1642), Joseph Telling His Dreams (1638–1641) y Abraham and Isaac (1645).

Otros grabadores de gran calidad de este período incluyen a Jacques Callot (1592–1635) y Antonio Tempesta (1555–1630).

"Joseph Telling His Dreams" (1638 – 1641). Rembrandt van Rijn.

A medida que comenzaba el siglo XVIII, la técnica del aguafuerte y la aguatinta se fue perfeccionando, además de la implementación más común de los colores, algo que en el siglo anterior no era tan frecuente. Las mejoras en la impresión dieron de nuevo un impulso para la difusión y el conocimiento de los grabadores y sus obras. Los grabados de la época se caracterizan por la elegancia y el deseo de representarlos de manera decorativa y teatral. Para ello, muchos grabadores decidieron que temas como la vida cortesana o la naturaleza serían perfectos. Así, se hicieron populares las representaciones de bailes, fiestas, etc. Algunos artistas representativos fueron Jean-Antoine Watteau y François Boucher.

Todo ello influyó en los temas elegidos, que principalmente tendrían un enfoque crítico de manera social y política. Francisco de Goya utilizó el grabado como forma de protesta para denunciar la opresión y el malestar general. Pero si algo caracteriza al siglo XVIII es la Ilustración y la Revolución Industrial. Las ideas de la Ilustración se fomentaron mediante los grabados de artistas que plasmaban dichos pensamientos en sus obras. La publicación de diferentes libros fue acompañada de una gran cantidad de grabados acordes con ellos, como mapas, atlas, diagramas, animales, plantas, anatomía, etc. A finales de siglo, comenzó la Revolución Industrial y, por ello, surgió un nuevo tema para estas obras, reflejando los cambios en la vida cotidiana y la industrialización.

Giovanni Battista Piranesi fue especialmente conocido por crear grabados de arquitecturas en estado de ruina, creando un estilo único y totalmente desligado de las corrientes del siglo. La serie de dieciséis grabados en aguafuerte del autor es una representación de su estilo: “Le Carceri d'Invenzione” (1745-1761). Destaca además su colección de “Antichità romane” y “Vistas de Roma”.

Francisco de Goya realizó diferentes grabados, como "Los Caprichos" (1799). Esta colección de obras satiriza a la nobleza y al clero español de finales del siglo XVIII.

Antichità romane”. (1756). Giovanni Battista Piranesi.

“Le Carceri d'Invenzione” (1745 – 1761). Giovanni Battista Piranesi.

"Los Caprichos” (1799). Francisco de Goya

A partir del siglo XIX, el grabado en acero y la litografía se popularizaron debido a la mayor durabilidad que ofrecía el cobre. Estas técnicas fueron fundamentales para la producción masiva de libros, ilustraciones y mapas. La litografía se perfeccionó y fue utilizada de manera amplia, mientras que, por otro lado, la xilografía resurgió debido a su aplicación en libros y obras más accesibles.

Los temas tratados continuaron los del siglo anterior, siendo la crítica social y política predominante, gracias a la continuación del trabajo de Francisco de Goya y Honoré Daumier. Debido a la popularidad del grabado, la crítica social, política y cultural movilizó masas y se utilizó como un método propagandístico y revolucionario, no solo en carteles, sino también en revistas y periódicos. Temas como la vida cotidiana, enfoques más subjetivos y personales, y el trabajo estuvieron presentes. Además, la Revolución Industrial también quedó plasmada en grabados que representaban actividades en las fábricas, el trabajo de los obreros y la expansión urbana.

Con la invención de la fotografía, el grabado comenzó a reformarse. Diferentes grabadores utilizaron esta nueva forma de representación como apoyo para crear grabados de manera más precisa, con mejor calidad y formalidad.

"Une Discussion littéraire à la deuxième Galerie" (1864) de Honoré Daumier, que representa una discusión de un grupo de personas en un teatro, o "Les Comédiens de Société" (1858), son claros ejemplos de la temática social y política utilizada en el siglo XIX y finales del XVIII.

Sin duda, el grabador más relevante del siglo XIX fue Gustave Doré, maestro del grabado y de las ilustraciones, reconocido por sus complejas estampas con un estilo detallado y dramático, como en las obras "El Infierno de Dante" (1866), "Satanás" (1866) o "El Diluvio Universal" (1866). Además, se pueden encontrar grabados de Doré representando a Don Quijote, como en "Don Quijote de la Mancha" (1863) o "Don Quijote acosado por sus fantasías" (1863).

“Les Comediens de Société”. (1858). Honoré Daumier

“Une Discussion littéraire a la deuxième Galerie”.(1864). Honoré Daumier

“Don Quijote acosado por sus fantasías” (1863). Gustovo Doré.

El Diluvio Universal”. (1866). Gustavo Doré


Javier Becerra Serrano

Creador y Editor de la página web

Alumno Máster Historia y Humanidades Digitales

Email: jbecser@alu.upo.es


 

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